mesalina la ninfomana

mesalina, la ninfomana

 
Mesalina, la cortesana insaciable ¿Mito o realidad?
 
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Cada vez que nos acercamos a la historia de la antigua Roma, encontramos costumbres y escándalos sexuales de todo tipo. Los gobernantes vivieron siempre rodeados de las más puras perversiones, orgías, morbo, y decenas de situaciones de las que a veces el propio pueblo era testigo. Pero quizá ningún caso escandalizó tanto como el de la insaciable Mesalina.
 
En el llamado Imperio romano, no sólo se hablaba de sus expansiones militares, de sus leyes y costumbres, ya que el sexo ocupaba uno de los primeros motivos de atención, sobre todo entre la clase dirigente. La “posesión” de esclavos y esclavas en los palacios de las grandes familias de la aristocracia romana,  permitían que se relacionarán sexualmente. Utilizándolos también como esclavos sexuales. 
 
Sin embargo, nadie como la insaciable Mesalina, para alimentar al pueblo no sólo con habladurías, sino también con hechos. Su vida sexual no fue nada discreta, ya que entre sus andanzas siempre en busca del placer sexual, intimó con el pueblo hasta el punto de convertirse en una de las prostitutas más populares de Roma.
 
 
Valeria Mesalina, hija del embajador Marco Aurelio, y miembro de la aristocracia tradicional de la familia de la República romana se casó con el que seria luego emperador Claudio, convirtiéndose  en su tercera esposa. Pero desde luego la fidelidad dentro del matrimonio no fue precisamente lo que destacó.
 
Relata la historia que al estrechar por primera vez la mano de su futuro esposo, sintió una mala sensación al notarla blanda y también pegajosa pero está impresión empeoró  del todo en su noche de bodas.
Mesalina descubriría esa noche que además de calvo del todo, Claudio tenía una inmensa barriga y que no cumplía con las expectativas sexuales. de su esposo. Después de un pésimo primer encuentro, Claudio cayó en un sueño profundo. Mesalina decidió salir al jardín respirar el aire de la noche y pudo descubrir que allí, ejerciendo de vigía, se encontraba un joven esclavo cuyo nombre era Ithamar. No lo dudó, se aproximó a él, se quitó su túnica, y obligó al el esclavo a proporcionarle todo tipo de placeres sexuales hasta el amanecer. Su noche de bodas había tenido un final feliz, aunque no precisamente con su marido.
 
Aquella noche marcó el comienzo de su vertiginosa vida sexual, de la que en ningún momento se privó en apurar todos los placeres del sexo, destacando en sus correrías su predilección por lo que, después, se llamaría sadomasoquismo. Al principio el lugar escogido era el mismo palacio imperial, además de recibir y disfrutar de sus amantes del momento, gozaba con los azotes que recibía (y a veces propinaba) como estímulo para conseguir mayores satisfacciones sexuales.
 
Los escritos de la época recogen alguno de los amantes más destacados. Veamos a través de ellos, su comportamiento tan ligado al sexo.
 
- Lucio Vitelio, hombre que no le satisfizo por la excesiva humillación de éste ante ella. Lucio la idolatraba en todo momento, exhibiendo ante todo el mundo una sandalia usada por Mesalina colgada de su cuello que nunca se quitaba porque aquel calzado había ceñido uno de los pies de la emperatriz. Aquella devoción no gustó demasiado a Mesalina, quien decidió cambiar de amante.
 
- Su sucesor fue Palas, y lo hizo por una razón muy simple, ya además de su fuerza viril,  era administrador de las arcas del Imperio, y debido a que había robado tanto, que era una de las mayores fortunas de Roma. Mesalina no solo obtuvo de él excelentes encuentros sexuales, sino que le demandó gran parte de esa fortuna.                                 
 
- La relación con Palas acabó tras conocer a un forzudo jefe de gladiadores cuyo nombre no ha quedado en los anales pero de gran potencial sexual. Este hombre se encargó de divulgar su relación con Mesalina, y llegó a ser uno de sus amante más populares. Y los rumores de la época se hacen eco de cómo pudo mantener, en su presencia, relaciones con varios luchadores a la vez. Algo que luego se convirtió en una constante en las andanzas de la cortesana.
 
- A la vez se encaprichó de Vinicio, sobrino de su marido, el ya Emperador. Y a la vez mantuvo relaciones con un casi adolescente Tito, de tan sólo quince años de edad. En esta época descubrió el vigor de los jóvenes, pero aumentaron las habladurías dentro de la corte. Incluso La Emperatriz, avisada por su amiga la envenenadora Locusta, preparó la pócima que impediría al quinceañero llegar a la madurez.
 
Su conducta era ya un escándalo a voces en el Imperio, por lo que optó por ser más discreta y salir de palacio para sus correrías sexuales. Por ello empezó a recibir a sus visitantes en una casita de las afueras que aparentemente pertenecía a su sirvienta Livia. Fue allí donde entró en contacto con su primer “proveedor exclusivo de carne joven”. Mnéster una especie de alcahueta le ofreció innumerables amantes para intentar satisfacer el apetito sexual de Mesalina.
 
 
Pronto este lugar se le quedó pequeño, y de la manera más morbosa empezó a ir a la Suburra (el barrio más miserable y peligroso de Roma), excursiones y estancias en aquel lugar que escandalizaron incluso a sus propios habitantes. En este barrio sería recordada en sus correrías como prostituta, lugar que usaba en sus transacciones camales en el nombre de guerra de Lysisca.
 
A diario, y al caer la noche, la Emperatriz abandonaba el palacio y se dirigía, oculta por una peluca y los senos apenas cubiertos por panes de oro, a un conocido prostíbulo donde ocupaba un aposento y recibía a los clientes. Siempre disfrazada, estos la preferían, además de por su belleza, porque no exigía juventud ni apariencia, y sí tan sólo potencia viril allá donde se encontrara, aunque fuese en sucios mozos de caballerías. Por allí desfilaría toda la tropa. No dejó de recibir Mesalina a ninguno de los soldados de su propio Imperio.
 
Las noches de la Suburra eran para Mesalina un continuo ajetreo que sin embargo, no satisfacía sus necesidades, a pesar de que alguna vez fue asaltada por más de una docena de fornidos soldados-atletas a los que por supuesto ella si dejó bastante satisfechos.
 
Cuenta la historia que en un amanecer en el que regresaba de sus aventuras nocturnas, saludó al entrar en palacio a un soldado de la guardia pretoriana que estaba de centinela preguntándole si sabía quién era ella. Despistado contestó que por la vestimenta, sería una prostituta de burdel. Mesalina asintió con la cabeza y preguntó al soldado cuánto dinero llevaba encima. Al responderle el soldado que sólo dos óbolos, Mesalina dijo que era suficiente, entró en la garita, y coronó su último encuentro de la noche.
 
Ya en la pendiente resbaladiza de sus caprichos, y en constante búsqueda de nuevas maneras sexuales, decidió un día casarse con algunos de sus amantes, por ejemplo con Cayo Silio, un joven cónsul apuesto de familia patricia. Pero el motivo de este enlace no era otro que  asesinar a Claudio y coronar a Silio como nuevo emperador.
 
Uno de los ayudantes del emperador se lo comunicó a Claudio, el cual vio como peligraba su corona. Organizó la represión, ordenando matar a los amantes de su mujer; el primero en caer fue Silio.
 
Los escritos  romanos de la época dejan clara constancia de sus conductas. Podemos leer  sobre ella tratándola como “un fenómeno real, cuya escandalosa vida sexual obligó a su marido a matarla”.